Lujuria (π)

Leo y Sara.

A ambas vehemente he tomado, amado sin pudor.

Condones rindiendo humilde vasallaje.

Ahí, en los placeres, vivo.

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Diosa (φ)

Y, alzada, a nosotros, los que tormentos sufrimos, placidez otorgas para disfrutar, hermanos,
inclusive toda carencia, toda ausencia, de vida.

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Rebelde (√2)

- ¡A casa! - Y dijo no.

Y Ana elevó, airada, la voz. Después, más tranquilo, llega, pero subiendo asustado y sumiso.

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Principios (√2)

O hago, o cedo. Ni a tus odios (miedos) mi paz calmará. Sin fanatismo cruel, vivo pacífico, contento y sereno.

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Borrachos (π)

Dos, o tres, o cinco borrachos de mirada torva, sin rumbo, perdidos, caminaban airados.

Escondido, los vi.

Uno maldecía solo.


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Resentida (φ)

Y lloras, y censuras mis más mojigatos intentos.

Sabedora endeble para acremente humillar prefieres, musa, agraviar cual victimas de hado.


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Secreto (φ)


A gloria y victoria, sus dos sensuales mensajes, enviados ocultos para cotilleos soslayar, invocaron.

Cien intensas iras vencidas se caen.Alineación a la izquierda

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Desaparecidas (√2)

A Susi e Irma vi, y por aquel camino sé que bajaron, mas, fatalidad, luego nada descubrí. Silencio y niebla.

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Eclipse (π)

Sol, y luna, y suelo amilanado.
El triste color del cielo nocturno, tenebroso.
Brillan estrellas sin su luz reinando pura.

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Queridos Reyes Magos




* Sugerencia auditiva para la lectura


«Queridos Reyes Magos:

Soy yo, Pablo.

Como veis os escribo yo mismo la carta. Ya sé que mí letra no es muy bonita. Aunque mi tita Sandra dice que sí que lo es. Intentaré hacerlo lo mejor que pueda. La letra de mi mami sí que es bonita. Pero ya no escribe, ni habla, ni me ve, ni sale al parque, ni juega conmigo, ni me baña, ni me lee cuentos, ni me deja dormir a su lado, ni nada de nada.

A papá no se lo he pedido porque sé que me va a decir que no tiene tiempo. Ahora sólo dice eso. ¡No tengo tiempo hijo, luego, luego! ¡No tengo tiempo Pablo, luego, luego! Nunca lo tiene. Ni para escribir, ni para hablar, ni para verme, ni para salir al parque, ni para jugar conmigo, ni para bañarme, ni para leerme cuentos, ni para dejarme dormir a su lado, ni para nada de nada. Llega del trabajo. Se mete en la habitación con mi mami y cierra la puerta. Luego sale corriendo y se marcha. Yo no sé cuándo vuelve porque ya estoy dormido. Por la mañana sale corriendo de la cocina con una galleta en la mano y el abrigo a rastras. Va con mucha prisa, mucha prisa. Tanta prisa que es mejor no cruzarse con él en el pasillo. Porque no tiene tiempo, y se enfada si me pongo en medio. Y me dice: ¡quita Pablo que no tengo tiempo! Así que lo que yo hago es esperar en mi cuarto hasta que oigo el portazo. Y cuando ya se ha ido voy a desayunar con mi tita Sandra. Y luego me voy yo solo al colegio.

Se lo pedí a mi tita Sandra. ¿Me escribes la carta de los Reyes?, le dije. Ella tampoco tiene mucho tiempo. Y a veces no puede tampoco puede hacer muchas cosas conmigo. Pero sí que me habla, y me ve, y un día salimos al parque, y juega conmigo, y a veces me deja dormir a su lado. Mi tita Sandra dice que ya soy un niño mayor. Y que me tengo que bañar yo solo, y que puedo leer los cuentos yo solo. Cundo le pedí que me escribiera la carta me dijo: Pablo, ya eres un niño mayor, ya puedes escribirla tú solo. Y yo le dije: Tita Sandra pero no sé qué ponerle a los Reyes. Y me dijo: pues escribe como si estuvieras hablando con ellos. Y eso estoy haciendo.

Mi tita Sandra me ha dado un boli para que os escriba. Me gusta escribir con boli. Es más brillante y azul marino. Y el azul marino es mi color favorito. Lo malo es que no puedes borrar si te confundes. En el colegio escribimos siempre con lápiz. Lo bueno del lápiz es que puedes borrar si te confundes. Yo no me suelo confundir mucho. Mi amiga Sonia sí, y gasta mucho la goma. He pensado que, a lo mejor, lo que le pasa a Sonia es que ella es una niña pequeña. Por eso se confunde tanto. Cuando salimos del cole su mami viene a buscarla, y la coge, y le da muchos besos muy fuertes que le ponen la cara roja, y le dice: ¡ay mi niña pequeña que ya salió del cole!, y se van para su casa. Un día Sonia me dijo que no le gusta que su madre haga eso. Yo me reí y no dije nada. Porque a mí sí me gustaría que mi mami viniera a buscarme, y me cogiera, y me diera muchos besos muy fuertes que me pongan la cara roja, y me diga: ¡ay, mi niño mayor que ya salió del cole! Bueno a lo mejor sin cogerme y sin darme muchos besos, solo uno. Que a los niños mayores no se les trata igual que a las niñas pequeñas. Cuando Sonia sea una niña mayor ya entenderá estas cosas. Por eso no le digo nada.

Mi tita Sandra me ha dado también estas hojas blancas, sin cuadritos, ni rayas, nada. Es la primera vez que escribo en una hoja así. En el cole siempre escribo en mi libreta de cuadritos. Le dije: ¡Tita Sandra si esta hoja no tiene rayas, ni cuadritos, ni nada! Y ella me dijo: Ya eres un niño mayor y puedes escribir en hojas sin rayas ni cuadritos. Espero que me perdonéis porque se me tuercen los renglones. Y por mi letra que no es muy bonita, como la de mi mami. Aunque mi tita Sandra dice que sí que lo es. Yo Intento escribir despacio y lo mejor que sé. Pero como escribo con boli no puedo borrarlo si me tuerzo, o si me sale una letra fea, o si me confundo.

Este año, la verdad, no sé si habré sido un niño bueno o no. No sé qué tengo que hacer para que papá no esté siempre enfadado conmigo, que yo ya se sé que tiene prisa, y que no puedo hacerle perder tiempo, pero a veces lo hago sin querer, y él se enfada, claro, y me grita por mi culpa. Mi tita Sandra no me grita pero me dice que tengo que ser un niño bueno: Pablo se un niño bueno y báñate deprisa, Pablo se un niño bueno y vístete, Pablo se un niño bueno y no molestes a tu mami. Y yo hago lo que me dice, pero no lo tengo que hacer muy bien porque siempre me lo vuelve a decir. A mi mami no la molesto. A veces intento verla cuando está la puerta de su cuarto entreabierta. Ella no me ve, solamente duerme o llora.

Un día le oí a papá y mi tita Sandra decir que mi mami lloraba tanto porque el hermanito que iba a venir se había ido. Yo no lo entiendo. ¿Cómo va a irse si aún no ha venido? Y supongo que si iba a venir pues ya lo hará. Es como cuando la abuela perdió el tren y vino dos semanas más tarde a mi cumpleaños. Al final llego y me trajo la bici de regalo, y fue como tener otro cumpleaños. A mí me gustaría entrar a la habitación de mi mami y decirle que no se preocupe, que el hermanito que iba a venir lo mismo ha perdido el tren, y que ya llegará cuando encuentre otro. Y darle un beso y quedarme a su lado para que lo esperemos juntos. Pero cuando estoy cerca de su puerta mi tita Sandra me dice que sea un niño bueno y que me vaya, que no la moleste, y aunque yo creo que no la iba a molestar, a lo mejor sí la molesto, pero yo no quería hacerlo. No quiero que penséis que no soy un niño mayor bueno, porque yo lo he intentado y si no lo he sido es porque no sabía qué tenía que hacer.

Este año no os voy a pedir ni... »

En este punto, Sandra volvió a insistir en que se fuera abañar, así que dejó la carta sin terminar y obedeció a su tía, asegurándose, eso sí, de dejar los folios bocabajo y con el boli encima, para evitar ojos curiosos. Se estaba bañando solo, como niño mayor que era, cuando escuchó el portazo de bienvenida y los pasos pesados de su padre que entró al salón y tiró las llaves en la mesa. Luego silencio. Después las voces amortiguadas, ininteligibles, de su tía y su padre, puertas moviéndose, los habituales pasos rápidos y el portazo de despedida.

Pablo terminó de bañarse, se secó y se puso el pijama. Salió del cuarto de baño y sintió el silencio del piso vacío. La luz del salón liberaba al pasillo de la oscuridad dejándolo en penumbra, la cual le permitió ver claramente que la puerta del fondo, la de la habitación de su madre, estaba completamente abierta. No mal cerrada o algo entornada, sino abierta del todo. ¿Tal vez..? Abrió bien los ojos, intentó escuchar algún sonido que le diera una pista. La sola idea de que... Su corazón comenzó a acelerarse, no se atrevía a entrar al salón para confirmarlo. ¿Acaso ya no tendría que pedir…? Finalmente se decidió y dio los siete pasos que había hasta la puerta del comedor que no le dejaba ver bien el interior.

Sandra lo encontró parado en el marco, mirando hacia la mesa, con un aire de desilusión.

– ¿No te gusta la cena?, son salchichas con queso, antes te gustaban.

– Sí, sí me gustan. – Esbozó una sonrisa resignada.

– Venga, sé un niño bueno, cómetelas y luego te secaré el pelo.

– Tengo que terminar la carta de los Reyes.

– ¿Aún no la acabaste?

– No.

– Pablo, ya sabes que no debes pedir muchas cosas, ¿eh?, no hagas la carta muy larga.

– Solo pediré una.

– Vale, pues comes, terminas la carta, te seco el pelo y a la cama.

– Vale.

Sandra le dio un beso fugaz en la cabeza húmeda y recogió el bolígrafo del suelo, pidiéndole que tuviera más cuidado. Lo dejó sobre las hojas escritas y se fue a recoger el cuarto de baño.

Pablo cenó en silencio, parsimonioso. Al segundo bocado, cuidando bien que su tía no estuviera a la vista, cogió los folios con intención de terminar la carta. Tuvo que dejarlo para después. Tenía que reescribir la última página completa antes de pedir lo que quería ese año. Sin saber cómo, la brillante tinta azul marino del boli se había convertido en apresurados churretones aquí y allá.

Acercade mi y otras farsas

Acerca de mí y otras farsas
Relatario 2009

ISBN: 978-84-9981-005-8

Tormenta y otros fantasmas

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ISBN: 978-84-92662-13-5.

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