El columpio

La niña se columpiaba desganada en el parque que hay junto a la estación de tren. Yo me quedé mirándola sorprendido. No era posible. No podía ser ella. Al fin y al cabo habían pasado más de veinte años. Evidentemente era una niña que se le parecía. Su hija. Tal vez fuera su hija. No era una idea tan descabellada. De todos modos era increíble lo que se parecía a aquella niña mimada que nos trajo de cabeza a tantos críos, hace ya tanto tiempo.


Sara Rojas. Así se llamaba. Era la dueña, según sus propias palabras, del columpio del parque que había frente al colegio. Podía pasarse toda la tarde meciéndose al sol, riendo, a veces cantando, otras simplemente disfrutando con los ojos cerrados. Aunque en realidad había algo que le gustaba más que columpiarse, y era tener una pequeña corte dispuesta a cumplir sus deseos, por lo general empujarla lo más alto posible. Y nosotros, abducidos por su encantadora sonrisa, hipnotizados por sus ojos verdes, nos peleábamos por llevarla hasta el cielo.

– Mamá, ¿me traes un zumo? – La niña dejó de balancearse y llamó a su madre. Giré la cabeza hacia donde la pequeña dirigía la mirada expectante a que apareciera la versión adulta de Sara Rojas. Jamás la abría reconocido. A pesar de que se parecía mucho a la niña que fue, a la que ahora se bebía un zumo de melocotón, no era ella. Toda la seguridad, todo el carisma de la pequeña diva se habían esfumado con los años. Ahora su mirada destilaba una sutil tristeza, quizá la añoranza de unos sueños que tal vez nunca pudo cumplir.

Finalmente me vio y me reconoció. Y Sara Rojas regresó. Sus ojos verdes se llenaron de la antigua luz. En aquél breve momento volvió a ser la propietaria del columpio rodeada de una corte de críos dispuestos a cumplir sus deseos. Y yo bajé la vista avergonzado, volviendo a los ocho años, deseando que la tierra me tragara. Ninguno dijo nada. Tras ponerme en mi sitio cogió a su hija y se marchó. Yo tardé en volver en mí un tiempo, y al hacerlo me reí de lo estúpido de la situación antes de venir a verte.

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17 comentarios:

Daniel H. M. dijo...

Aclaración: no conozco a ninguna Sara Rojas. Si alguna se pasa por aquí: lo siento chica, mera casualidad, si eso quedamos y aclaramos el asunto ;)

Bear dijo...

jajaja, vaya, era tan real! Muy triste la historia. Un abrazo,

Lúcida dijo...

Y además del columpio te has quedado también con el nombre de mi entrada jejeje.
Cómo nos transportan los recuerdos...

Teddy Earley dijo...

El mundo es ciertamente un lugar llenos de Saritas (y el sexo es irrelevante) y primos.
(Debo marcharme. Tengo que columpiar a alguien).

Daniel H. M. dijo...

Bear: Bueno seguro que rascando un poco se encuentra algo real que lo supere.

Lúcida: ¿el título?, ¿pero lo tuyo no era demasiado? Ains, es que a veces los títulos me pueden al final puese éste por no encontrar uno mejor. Recuerdos...

Teddy: yo a la mía (xSara) la tengo ya pagada XD. Que columpie bien y cuidado con los dientes.

AdR dijo...

Aunque no conozcas a ninguna Sara Rojas... pero como si la conocieras :) Ha sido una plasmación del recuerdo tan real como la vida misma.

Abrazos

Nausicaa dijo...

Es que cada persona es diferente dependiendo de quien esté enfrente (y me salio un pareado y todo :P).

b4u dijo...

Me gusta el final, ese retorno pasajero a los roles infantiles, y ese volver al hoy con una anécdota más, pero ¿qué pensaría mientras volvía a casa Sarita?

azabache dijo...

Esa Sarita se lleva una capita de autoestima, seguro, pero creo que no le va a durar mucho. La lija de su rutina es de las gruesas.

Besos.

Daniel H. M. dijo...

Adr: Sungo que todos hemos conocido a alguien por el estilo, ya fuera de niños ya fuera de mayores :). Abrazos

Nausicaa: Es cierto no somos siempre los mismos, el que más el que menos tiene personalidad múltiple.

b4u: Ya sabes, dicen que nos pasamos la vida en el patio del colegio. En cuanto a Sara... ,no sé, esa es otra historia.

azabache: no se yo si capa de autoestima o punzada en el orgullo. Probablemente el encuentro le afectara más a ella.

mortfan1 dijo...

Muy interesante. Creo que Sara Rojas puede estar contenta de ser producto de tu imaginación(al menos esta Sara, que de las reales también hay muchas) quedando inmortalizada de tal modo. Creo que ese sutil encuentro donde volvió a ser la niña que era fue el momento más feliz de su corta corta cortísima existencia. Lo dice su mirada...

Lúcida dijo...

Me refería al nombre de la protagonista... la mía también era Sara

Daniel H. M. dijo...

mortfan1: bueno, tal vez vuelva un día de estos ;)

Lúcida: Anda no caí :p

DanielHR dijo...

Sí, es verdad. Es una historia muy triste. ¡Qué desesperanza más familiar nos transmite el protagonista! Y el caso es que ese columpio le termina de dar al texto un aire de melancolía que riéte tú de las peliculas en blanco y negro.
Muy buen relato, Dani, de verdad.

Daniel H. M. dijo...

Gracias tocayo, el caso es que luego cada uno seguirá con su vida, es una tristeza momentánea, de esas que ni siquiera te amargan un día cualquira ;-)

bingo dijo...

Es en verdad una historia triste... melancolica, de años y años pasar... recuerdos y de pronto, una vuelta al pasado... Me encanto! UN abrazo!

centro de llamadas dijo...

wow una historia muy linda , muy triste pero me a llegado mucho la verdad .

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