Café cortado

– Llueve – Alicia hace una pausa y se distrae mirando a través del cristal de la cafetería.

– Lo sé – no sé qué decir así pues intento hacerla sonreír – ¿vas a comerte la pasta?

– ¿Eh? –, definitivamente algo grave sucede –, no toma, cómetela – ella nunca me ha cedido su galletita de chocolate, desde aquél primer café, desde aquél primer lunes.

También llovía entonces, pero no suavemente como hoy sino con rabia. El viento ponía a prueba la firmeza de los botones de mi gabardina. Entré empapado a la cafetería que estaba repleta de más refugiados. Ella ya estaba allí, sentada en una pequeña mesa junto a la cristalera leyendo la misma novela que ahora mantiene cerrada junto a su mano izquierda. El mismo café cortado y la misma pastita de chocolate en un diminuto plato. Y frente a ella el único sitio disponible de la cafetería.

– Alicia – pocas veces uso su nombre –, perdona si me entrometo pero, – vuelve al interior de la cafetería – ¿puedo ayudarte en algo?

– Tranquilo no es nada – por primera vez en la tarde sonríe –. ¿Por dónde iba?

– La bailarina de la serpiente – continúa contándome sus impresiones sobre Blade Runner, pero algo de ella se ha quedado tras el cristal.

Yo nunca lo habría hecho, pero el camarero dejó bien claro con un par miraditas que o consumía algo o me largaba. Así que me acerqué y le pedí permiso para sentarme. Ella, sin levantar la vista simplemente me dijo que adelante, y continuó leyendo. El camarero me trajo mi café solo y ella le pidió otro cortado mientras retiraba su taza. Se lo sirvió de inmediato. No parecía incómoda por mi presencia, es más era como si no yo no estuviera ahí. Yo estaba francamente a gusto tomando un terrible café con una desconocida tan ensimismada en esos Días de Humo que ni tocó el suyo. La tormenta cesó. Salió del libro para guardarlo en el bolso y levantarse ignorándome en el proceso. Entonces le pregunté por la pasta de chocolate, tenía que decir algo. Ella sonrió y se la llevó sin más.


– Y ahí tuve que parar a secarme los lagrimones, ¿te puedes creer? – por fin se ilumina su mirada, que vence la tentación de cruzar el cristal.

– Sí que te impresionó, sí – desvío mi mano de la pasta y la acerco a la que tiene posada en la novela.

– Odié a Harrison Ford – da un sorbo a su cortado con dos de azúcar –, le costó redimirse a base de golpes y enamorándose de Rachel.

No volví a pensar en ella, y sin embargo el día siguiente, al salir de trabajar me sorprendí arrastrado por el viento hasta la esquina donde, por los ventanales de la cafetería, la buscaba en su mesa. Me decidí a entrar y esperar a que viniese. Pedí un café solo en la barra y me senté dejando libre su asiento. Ella no llegó. No tenía por qué hacerlo. Esperarla allí era ridículo. Dos casualidades serían demasiadas.

– Entonces, ¿te ha gustado? – Busca en su gran bolso mientras asiente.

– Sí, no ha estado mal toma – me devuelve la película y por un instante rozo su pálida mano.

– Parece que escampa. – aquí soy yo el que se fuga por la ventana.

Cuando ya estaba por marcharme, avergonzado por mi torpe comportamiento de quinceañero, entró despreocupadamente y, tras un gesto a modo de saludo, el camarero le preparó un café cortado y dejó, sobre un diminuto plato, una pasta bañada en chocolate y dos azucarillos. Echó el azúcar en la taza, cogió el café y la pasta y se sentó frente a mí. «Está libre, ¿verdad?», dijo con una sonrisa bizca. Sacó su libro y comenzó a ignorarme. Yo pensé en pedir otro café, en buscar alguna excusa para entablar alguna conversación superficial. Pero en sus ojos, perdidos en el humo que anunciaba la cubierta, no pude adivinar ninguna señal de nada que no fuera indiferencia. Al ir a levantarme, bajó la novela y se dirigió al camarero pidiéndole un café solo. «¿Porque te tomas dos, no?», añadió con otra media sonrisa, volviendo a ignorarme hasta que, quince minutos más tarde, apuré el café y eché una mirada golosa a la intacta pasta, que desapareció rápidamente entre página y página.


– ¿Sabes?, hoy no iba a venir – Alicia busca mis ojos dentro del vidrio empapado.

– Pero has venido ­– yo le hablo a su imagen especular –, estás aquí – Una leve pausa.

– Y no te importa nada más –, sonrío y su homóloga sonríe –. Haces que sea tan sencillo estar contigo...

El miércoles me di cuenta de que no sabía su nombre. ¿Cuál sería? Repasé los de las mujeres de mi familia pero ninguno cuadraba con la extraña de la pastita de chocolate. Luego pasé a las chicas de oficina, y tampoco ninguna podía compartir distintivo con ella. Le di vueltas a varias opciones entre reuniones y cafés de máquina pero, estando claro que por mí mismo no iba a encontrar lo que buscaba, bajé a comer con las chicas de administración y, sin más, les pedí sugerencias fingiendo que iba a ser tío. Tampoco encontré allí la palabra mágica que invocara a mi desconocida.

– Alicia – nombrarla es hacerla tangible ­–, sé que te ocurre algo esta tarde – sus manos se adelantan despacio sobre la mesa – y sé que crees que debes contármelo – las mías las rodean –. Pero ya sabes que si no quieres no hace falta – y por primera vez se engarzan fundiéndose como nunca debieron dejar de hacerlo.

– No, no quiero hacerlo – esta vez me mira fijamente –, pero no puedo ocultarte esto por más tiempo.

Por la tarde rastreé varias páginas de internet con nombres para niña, indagando en el significado de aquellos que parecían encajar. Nada. No hubo forma. Tal vez una señal del destino. Y mientras caminaba hacia la cafetería pensé que no estaba mal la broma. Mientras pedía el café solo y esperaba a que llegara me convencí de que tenía su toque aquello de no saber su nombre. Mientras observaba cómo leía ignorando mi presencia me convencí de que no necesitaba saber cómo se llamaba. Fue tras el segundo cortado, después guardar el libro en bolso y levantarse con una coqueta sonrisa, justo cuando estaba a punto de cruzar la puerta. El camarero le dijo socarrón: « Alicia, te dejas algo». Y Alicia pasó ante una estatua de mármol y recogió la pasta de chocolate que había olvidado.


– Sabes que no es necesario, y que no me debes nada – la delicada mano de Alicia, que apretaba la mía angustiada, se relaja y deshace el nudo

– ¿Y si no volviéramos a vernos? – Por primera vez se asoma la preocupación a sus ojos.

– ¿Y si nunca nos hubiéramos visto? – Intento contrarrestarla sonriendo.


Lo primero que hice el día siguiente, cuando llegó, fue presentarme. No me parecía justo saber su nombre y que Alicia no supiera el mío. Ella sonrió y meneó la cabeza mientras decía que podríamos ahorrado tres días de silencios si hubiera comenzado por ahí el lunes. Me quedé sin saber qué decir. Por suerte ella había tomado la iniciativa y, tras pedir su primer cortado, con pasta de chocolate de regalo, comenzó una conversación trivial sobre el pésimo café que servían en el bar.


– No, no, por favor – se relaja de nuevo tras una carcajada –, hablo en serio. Yo...

– Alicia – la interrumpo –, yo también hablaba en serio – aprovecho para volver a tener sus manos entre las mías –. Dejar de verte sería... – dudo –, prefiero no pensarlo, pero de ser así las tardes en este café, las horas en esta mesa, su recuerdo, es ya en sí un tesoro que nadie podrá quitarme jamás.

– Gracias – me dice antes de besarme.


La amenaza del fin de semana se esfumó con la confirmación de que el viernes también serian fieles a la cita mis dos cafés solos y sus dos cafés cortados, siempre bajo la atenta mirada de una galletita de chocolate, y la novela que reclamaba con su presencia la atención perdida. Y también quedaron el lunes, y el martes y el miércoles siguiente, y escuchaban atentos nuestras banalidades. Los viajes que no hicimos, las películas que nos conmovieron, los libros que nos marcaron, las series infantiles que nos hicieron reír, fueron desfilando arrebulladas durante las tardes de esta turbulenta primavera, que terminaban con mis dedos avanzando arácnidamente hacia un plato del que desaparecía fugaz una pasta de chocolate.

_



– Tengo que marcharme – dicen sus labios dentro de mis labios.

– ¿Volverás? – La pregunta se me escapa aún sin querer saber la respuesta.

– Volveré – miente con un abrazo que me engaña.

Llueve, también llovía entonces, pero no suavemente como hoy. Las gotas caen quedas con miedo a que el tiempo se despierte si ellas golpean el cristal de la ventana, nuestro hogar mientras nos abrazamos. La misma a través de la que entrábamos y salíamos buscándonos sin encontrarnos, junto a la mesita sobre a la que bosteza una novela resignada, y un café solo y otro cortado con dos de azúcar saben que siempre serán bienvenidos dos a dos.

– Hasta pronto, entonces – susurro sólo para ella.

– Hasta pronto – recoge sus cosas y se marcha.

– ¡Alicia! – se gira, ya en la puerta, esperando mis palabras. – ¡Vuelve! – entonces se acerca y, como el primer día, sonríe, coge la pastita de chocolate, y se va sin más.





* Sugerencia auditiva para la post-lectura

47 comentarios:

Reithor dijo...

caray, que chica más inaccesible... será que está absorbida en esa novela :)

mortfan1 dijo...

Luego yo soy la que os deja la miel en los labios eh! ;D
Ah, por cierto, creo que se te coló un no de más aquí:
"es más era como si no yo no estuviera ahí"
A ver cuando nos traes el (II) para ver cómo sigue esta historia...

Nausicaa dijo...

Que gracioso, se la llevo, algo muy significativo.Pero así es más interesante no? Paso a paso, ascendiendo cada día sólo un peldaño del muro que los separa.

AdR dijo...

Parece algo imposible, de titanes, llegar a ella.

Me gusta que sea así.

Abrazos.

Lúcida dijo...

La pastita de hoy ya no tiene el mismo sabor que la de aquel día...entonces hubiera sido mucho más dulce.

Daniel H. M. dijo...

Reith: Es que es una novela muy absorvente ,)

Mort: pues hasta el próximo doming ;) (en su cadena favorita)

Naus: es que la pastita de chocolate es la pastita de chocolate... :D

AdR: como llegar a casi todas, pero con paciencia y saliba... XD

Luci: ah, que fino hilas compañera ;)

b4u dijo...

Sin etiquetas para no dar pistas, para crear más espectación..., ¿técnicas avanzadas de márketing?

lunasyhormigas dijo...

Me ha gustado, mucho, muchísimo, ;).

Daniel H. M. dijo...

b4u: sí, pensé que quedaba mejor poníendolas al final ;)

lunasyhormigas: gracias, espero no cagarla en los siguientes capítulos (qué presión) XD

B dijo...

Esta primera parte me ha atrapado. Cuando pones el resto? Sí, más presión.

lunasyhormigas dijo...

Ejem,ejem, sé que soy la menos indicada pero.... SEGUNDA PARTE YA!, ajajjaja.
Lo sé tengo mucho morro, :P.

Besosss.

Daniel H. M. dijo...

b, lunasyhormigas: aquí la tenéis, perdonad el retraso. De todos modos a partir de ahora publicaré los lunes.

Continúo los comentarios aquí porque cuando termine la serie reunificaré todo el texto y así no se perderán vuestras valiosas aportaciones.

Reithor dijo...

Absorber, campeón, absorber...

Reithor dijo...

comentario a (II), que he sido vilmente redireccionado y el chrome tiene un aspecto raro a pantalla completa.

Te estás metiendo en la boca del lobo, peligro y problemas, problemas y peligro. Sabes que no te conviene, tienes todas las de perder, pero no podrás resistir el café cortado (III).

compañia de seguros dijo...

muy bien, no puedo esperar a leer lo que sigue

Bear dijo...

Buenísima también esta segunda parte.

He repartido "premio" en mi blog y te he mandado uno. Aunque creo que no eres muy partidario de esto, puede que alguien más te visite.

Daniel H. M. dijo...

Reithor: ¿Y qué seríamos sin peligros y problemas?, ¿mejillones?

compañía: ok (disimula un poco... ains)

Bear: Continuará... XD, gracias de nuevo

Teddy Earley dijo...

Me inquietan los personajes que parecen al borde de la locura.
Espero no tener motivos para inquietarme.

Nausicaa dijo...

Siguen asi??? Van a necesitar un empuje...

Daniel H. M. dijo...

Teddy: ¿Y no estamos todos un poco pallá?

Nausicaa: Ya sabes, cocina a fuego lento...

luna dijo...

Bieeenn segunda parte.

Me sigue gustando mucho, mucho....

PD: se supone que hay que comentar aquí¿no?Como siempre ando en mi luna, jajajaj.

Besossss.

AdR dijo...

Uy, qué raro esto de los comentarios...

Me refiero a que le doy a comentar tu segundo relato de la serie Café... y aparezco aquí :)

Sólo te iba a decir que entre café y café y páginas y páginas... a mí me han desaparecido muchas cosas además del tiempo :)

Abrazos

Lúcida dijo...

Lo he releido después de varios días... la verdad, no sabía donde comentar (:S)
Demasiado miedo parece que se respira entre café y café.

Guia Blog dijo...

hola, queria invitarte a que agregues tu blog a guiablog.net
es un directorio de webs y nos gustaría que estuvieras.
saludos

Diego

Iron Maiden dijo...

hola como estas espero que biien
solo paso a dejarte mis saludos
espero que te pases por mi blog
cuidate
adios

Daniel Turambar dijo...

Sí, sí, sí
hay que comentar aquí


luna: y ya la tercera :)

AdR: espero que no te robaran la cartera ;)

Lúcida: miedo... ¿al fracaso, al éxito?

Guía: gracias por la invitación, allá que me apunto.

IronMaiden: Bienvenida, ¡arriba los Guns!

Lúcida dijo...

Curiosa casualidad.
Al leer cómo se cogían de las manos no he podido evitar sonreír... por fín...

AdR dijo...

Y al tercer café que llego :)

Yo sabía que la pastita tenía un papel fundamental para esta historia.

Abrazos

Bear dijo...

Vaya, ahora me acordaré de tí siempre que me pongan una pasta en el café!
Un besote,

Nausicaa dijo...

Bueno, esto avanza, no voy a quejarme, pero espero que lo que tiene que decir no esté relacionado con un conejo blanco... ( q mal suena eso, jajajajaja).

Anita dijo...

Me tienes con el alma en un hilo!!! ya quiero saber en qué termina ;)

Davicine dijo...

Buenisimo tu BLog. Me ha encantado el realto y ansiando seguir leyendo.

un saludo,

Reithor dijo...

mira que no presentarte a la primera... esos modales...

Anita dijo...

mmm y ahora? has dicho demasiado o no has dicho bastante. Me dejaste picada con la historia, quiero saber más¿qué tal una parte V?

Lúcida dijo...

Ya van avanzando, despacio, pero parece que seguros.

Bear dijo...

Galletaaaaaaaaaaas! Jajaja! Me tienes en ascuas, es tan pequeño el avance!!!!

Nausicaa dijo...

Oh! No puede ser! Esto no puede acabar así, ve a por ella cacho de carne con ojos!!!

B dijo...

Se va? Nooo!

b4u dijo...

Esta vez he esperado hasta el final y he decir que me ha gustado mucho, aunque sea una putada.

– Volveré – miente con un abrazo que me engaña.

¡BRAVO!

Bear dijo...

Felicidades!!! Me ha encantado, sobre todo, el final.
Un abrazo,

bingo dijo...

"Si vas a irte vete, pero no te despidas, sal de noche, sal a oscuras, sal descalza y de puntillas..."

No pude evitar acordarme de esa cancion de Sanz, q describe tambien una despedida... Un fuerte abrazo!

Teddy Earley dijo...

Una galleta de chocolate es más que suficiente...(Conozco a un par de personajillos que estarían de acuerdo con esta conclusión literaria-musical).

Me ha gustado la historia y su estructura desdoblada.
Me tomo un café a la salud del autor.

Lúcida dijo...

Fue bonito mientras duro... no?

Anita dijo...

aunque no sé... ya se volvió una rutina, acaso no se dirán nada más? digo hay que pensar bien las cosas pero no hay que pensarlo demasiado. jaja será que siempre llevo prisa igual que ella.

Tom dijo...

Encontré hoy tu blog. Me gusta. Es la antítesis del mío en cuanto al orden. Me gusta la manera de expresarte que tienes. Un saludo.

luna dijo...

Pues me sigue encantando, ;).

Daniel Turambar dijo...

Gracias a todos por seguir ahí y bienvenidos seais los que os apuntáis a esta incógnita semanal.

Como os habréis dado cuenta os he tenido un poco abandonados, últimamente ando un poco disperso, jejeje, pero tranquilos que seguiré fiel a nuestra cita semanal (ahora los lunes, recordad).

En cuanto a este café cortado, siento que a algunos el final les haya dejado un toque amargo, pero así es el café. Ya me conocéis, yo y los finales felices... Pero fue bonito mientras duró :)

Venga nos leemos (sí, aunque no os comente, me paso por vuestros blogs en cuanto tengo un momento).

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