Peluso

No sé si os habéis fijado, supongo que sí, en una parte muy especial de nuestro cuerpo. Se encuentra en la zona central del mismo, bueno más o menos, y todos tenemos uno. Los niños pequeños suelen jugar con él y sus padres les suelen reñir temiendo que se hagan daño. Con el paso del tiempo deja de tener interés, hasta que descubrimos para qué sirve realmente. Entonces vuelve a llamar nuestra atención.

Como habréis adivinado se trata del ombligo: esa misteriosa hendidura, bueno alguno hay que lo tienen hacia fuera. Pero sea como sea su misión es la misma: producir pelusilla. Resulta fascinante descubrir un buen día, por casualidad al despertar y quitarte el pijama, que en esa zona olvidada del centro de tu barriga se genera una suave sustancia blanca: la pelusilla. La verdad es que no tengo muy claro cómo se llega a formar la pelusilla, y mira que estuve un día entero mirándome el ombligo para ver si pasaba algo y nada. Tengo la sospecha de que pasa como cuando sudas, que sale de la piel ya formada. Así que la pelusa sale de entre las arrugas del ombligo y se queda ahí hasta que vas tú y la quitas, y entonces se va acumulando más.

Lo peor de todo esto es que cuando uno se da cuenta de su descubrimiento no puede ir por ahí contándoselo a todo el mundo al ser algo tan íntimo. Así que claro, uno hace un descubrimiento tan brutal y que cambia su forma de ver la vida y no puede decir nada, ocultándolo al mundo y preguntándose si le pasaba al alguien más. Por suerte, mi amigo Javi un día, en el recreo, se acercó a mí con aire misterioso y me llevó al servicio. Entonces se levantó el jersey, la camisa y la camiseta, y me enseñó su ombligo lleno de pelusas. ¡Ay, alma gemela! ¡Ay, compañero de desgracias! Su experiencia con las pelusillas recién descubiertas había sido tan traumática para él como para mí mismo, y tras compartirla, comenzamos a preguntar al resto de los niños de clase si habían pasado por lo mismo. A las niñas las dejamos de lado en la investigación, pero por lo visto a ellas también les pasaba lo mismo. Lo sé porque Pablo había visto la pelusa en el ombligo de su prima Laura cuando se quedó a dormir en su casa el fin de semana anterior, y a través de ella supimos que este suceso era algo que nos unía, lo que parecía increíble.

Así que estaba claro, esto de la pelusa en el ombligo era algo que les pasaba a todas las personas del mundo. Lo malo era que no recordábamos si siempre había sido así o solamente desde hacía un tiempo. De este modo, la investigación pasó a su siguiente nivel: averiguar a partir de qué edad comienza a salir la pelusa del ombligo. La cosa fue fácil. Algunos de nosotros teníamos hermanos pequeños, y solamente teníamos que ir a verles el ombligo antes de acostarnos. Al día siguiente de proponer esta estrategia para descubrir el origen de las pelusillas nos reunimos al salir de clase, y todo pudimos asegurar que nuestros hermanos tenían pelusilla en el ombligo, por muy pequeños que fueran. Los más pequeños tenían muy poca, y es que las madres se obsesionan tanto con la limpieza de los bebés que de tanto lavarlos deja sus ombligos casi sin pelusas. La cosa estaba clara: desde que nacemos el ombligo comienza a fabricar pelusa. Pero, ¿hasta cuándo? Investigaciones posteriores nos hicieron ver que nuestros padres, e incluso abuelos, también tenían pelusa en el ombligo, así que se producía pelusa durante toda la vida. Nuestro pequeño ombligo iba a resultar una de las partes del cuerpo que más trabajaba, ya que desde que nacíamos hasta que muramos produce pelusa.

El enigma de la pelusa en el ombligo estaba casi resuelto, solamente quedaba saber para qué servía esa pelusa. Era suave y calentita, así que algunos pensaron que con ella se hacían la ropa cuando no existía la tela para hacer ropa, o que servía para entretenerse recogiéndola, o que no servía para nada. El caso es que esto último nunca quedó muy claro.

Un día, el día más frío de todos, llegó un niño nuevo a nuestra clase. Se llamaba Rafa. El caso es que seguramente para él aquel fue el peor día de toda su vida. Para empezar llegas nuevo a un colegio donde no sabes qué clase de niños te vas a encontrar, si la maestra te odiará desde el primer día o si puedes comer chicle en clase. Luego era el día más frío de todos, como ya he dicho, así que no pudimos salir al recreo, porque también llovía mucho, y nos quedamos en la clase junto a los radiadores. Y luego lo peor de todo es que, como no teníamos nada que hacer, y el tema de las pelusillas del ombligo aún no estaba cerrado del todo...


El caso es que casi sin darnos cuenta, se formó un círculo alrededor de la mesa de Rafa, que se estaba comiendo un bocadillo de nocilla que le había preparado su madre. El pobre estaba tan entretenido con su bocadillo que cuando se quiso dar cuenta ya lo teníamos rodeado. Entonces levantó la cabeza y nos dijo que qué queríamos. La verdad es que ninguno se atrevía a decírselo, y es que al fin y al cabo entre nosotros era ya algo natural, y nos conocíamos desde la guardería y había confianza. Pero Rafa era un extraño y nos daba algo de vergüenza preguntárselo. Así que algunos empezamos a reírnos y a hablarnos al oído, por lo que el pobre Rafa se ponía nervioso y miraba a un lado y a otro. Luego se levantó y levantó los puños amenazando con pegarnos si no le dejábamos tranquilo. Eso nos asustó a los que no somos muy altos ni fuertes, pero entonces habló Paco.

Paco es el más grande de todos los de clase. La verdad es que repitió en segundo. Pero no abusa de su mayor tamaño, y nos defiende de los matones, que son chicos de su edad que no repitieron segundo. Bueno, pues va Paco, que era más grade que Rafa, y le baja los puños, y le dice que no le vamos a hacer nada. Luego de dice que solo queremos saber si tiene pelusilla en el ombligo. Entonces Rafa puso una cara muy rara y dijo que no sabía. Entonces Paco le dijo que nos enseñara el ombligo para comprobarlo. Rafa dijo que no, y la verdad es que yo también habría dicho lo mismo, teniendo en cuenta que todas las niñas estaban presentes y que algunas se estaban riendo. Entonces Paco se lo llevó aparte, y le convenció para que nos lo enseñara a mí y a Javi, que para eso fuimos los primeros en descubrir el gran misterio.

Rafa no lo tenía muy claro, pero vino con nosotros al servicio y allí nos enseño su ombligo. Era un ombligo bastante bonito, la verdad. Era completamente redondo y las arruguillas formaban una estrella de cinco puntas. Todo habría sido perfecto de no ser por un pequeño detalle que nos llenó de asombro: no tenía pelusilla.

Javi y yo nos miramos con cara de asombro. Le preguntamos a Rafa si se había duchado esa mañana, hay veces que cuando te duchas por las mañanas las pelusas no salen hasta la tarde. Rafa dijo que no, que no lo había hecho. Entonces le preguntamos si se la había quitado por la mañana al despertar. Y dijo que qué era lo que tenía que haberse quitado. Entonces Javi y yo le enseñamos nuestros ombligos llenos de pelusa, y Rafa alargó la mano curioso para quitarme la mía. Menos mal que fui rápido y me aparté si no me la habría quitado. Pero nuestra sorpresa llegó a su máximo límite cuando Rafa, con cara de tonto nos preguntó qué era eso blanco que teníamos en el ombligo.

No había duda: Rafa no producía pelusa. La horrorosa realidad se hizo evidente y Javi y yo no pudimos hacer otra cosa que salir corriendo de allí gritando de terror. Corrimos hasta estar a salvo rodeados de nuestros iguales en el aula. Se lo explicamos todo a nuestros compañeros que no creían nuestras palabras.

Cuando Rafa entró por la puerta se hizo el silencio. Fue de nuevo Paco quien intervino y se acercó a Rafa. Le miró de arriba abajo y le preguntó si tenía pelusilla. Rafa le dijo que no sabía qué era eso. Entonces Paco, creyendo que bromeaba le dijo que le enseñara el ombligo. Rafa se negó. Dijo que ya nos lo había enseñado a nosotros y se fue a su sitio. Entonces, por la espalda y a traición, Paco lo tiró al suelo y todos nos echamos encima para inmovilizarle, agarrándole de brazos y piernas. Pablo fue quien le levantó la ropa, y todos pudieron comprobar lo limpio que estaba su ombligo.

En ese momento terminó el recreo y llegó la maestra. Nos pilló con Rafa en el suelo, así que nos echó un poco la bronca por tratar así a un compañero nuevo. ¿Compañero? ¿Ese que no tenía pelusa en el ombligo, ese que no sabía qué era la pelusilla? Sin decir ni una palabra se formó un gran pacto entre todos los de la clase: ninguno volvería a tratar con Rafa. En cierto modo era comprensible que no lo hiciéramos: ¿y si era contagioso?, ¿y si dejábamos de producir pelusilla? Tampoco íbamos a denunciarlo a la policía, solamente queríamos vivir tranquilos. Cuando me acuerdo de la mano de Rafa acercarse a mi pequeño ombligo... Todavía tengo pesadillas.

La verdad es que nos daba un poco de pena verlo ahí sólo todo el tiempo, sin nadie con quien jugar en los recreos, pero: ¿qué podíamos hacer? Lo que estaba claro es que no íbamos a arriesgar nuestras vidas. A veces se acercaba para que le dejáramos estar con nosotros. Se acercaba y se quedaba a unos pasos, entonces se levantaba la ropa y nos enseñaba el ombligo. Pero, ¡lo tenía tan limpio! Él decía que no era culpa suya, que nunca le había salido pelusa. Dijo que le había dicho a su madre que lo llevara al médico, pero no le hacía caso. Había días en que teníamos que tirarle piedras para que se largara.

Cuando por fin llegó la primavera, y hacía menos frío. Rafa estuvo una temporada sin venir a clase. Todos pensamos que estaría en el hospital arreglándose el ombligo. Debía ser verdad, porque un día llegó la maestra algo triste y nos dijo que Rafa había muerto. Hicimos bien en no acercarnos a él. Supongo que la operación saldría mal, y esto me lo confirmó Laura. Me dijo que había oído decir a los profesores que había estado en el hospital de urgencias sangrando por el ombligo. Tal vez fuera mejor así. Lo peor de todo es que cada vez produzco menos pelusilla. Estoy empezando a preocuparme. De momento no se lo he dicho a nadie, solo espero que no me pase como a Rafa, que ahora estará en el cielo.




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29 comentarios:

Daniel H. M. dijo...

Aquí la penúltima entrega del revaival de los 90, el próximo domingo el final y después, ya en marzo vuelvo con nuevos escritos.

Bear dijo...

jajaja. Me ha encantado imaginar ese corrillo de niños mirándose el ombligo.

Ah, por fín luce el sol!... aunque no sabemos por cuánto tiempo.

Nausicaa dijo...

Así es la mente humana, siempre dispuesta a buscar nuevos misterios :)

Álvaro Nuevo dijo...

Noooo!!! Pensé que te ibas a cortar de publicar el de la pelusa ombliguil, ains. No ves el peligro!
Miedo me das, ahora que se aproxima la primavera.

b4u dijo...

Pero, ¡¿tú a qué colegio fuiste?! A ver como termina esto (viendo las etiquetas mal, supongo)

Daniel H. M. dijo...

Bear: pues sí, a ver cuánto dura ;)

Nausica: y qué mayor misterio que el propio cuerpo

Álvaro: lo sé, lo sé, pero sabes que podría ser peor, bueno ya no tiene marcha atrás.

b4u: a uno público...

Incongruente dijo...

Pues yo, de pequeño, siempre pensé que eran producto de mis muchos pequedos, porque mi madre, cuando me las encontraba, se enfadaba, me llamaba guarro y me obligaba a bañarme; yo suponía que era para lavar mis culpas, como cuando iba al confesionario y le contaba al sacerdote que había pecado; ¡¡¡Lávate, hijo mío!!! me decía, eso sí, siempre rezando dos, tres o cuatro avemarías.
Y vas tú, ahora, sin encomendarte ni a Dior ni a Cacharel, y me cuentas la "verdad" dura y seca: LA PELUSILLA NO VALE PARA NADA. Si lo llego a saber, no te leo.

Incongruente dijo...

quise poner ...muchos pecados... Sorry

AdR dijo...

:D
Y yo creyendo que este tema no daba para tanto :)

Si te digo lo que significa tener pelusilla por mi tierra...

jajaja. Ostras... voy a mirarme el ombligo...

Abrazos.

Reithor dijo...

Pensé que iba a ser un artículo sobre Maradona :D

Este relato está muy bien, se me antoja adecuado para edades tempranas, los receptores más difíciles de captar.

Haría algún apunte científico sobre el arremolinamiento de pelusa en el epicentro anatómio, pero mejor que cada cual tenga su teoría.

¡Un saludo!

Teddy Earley dijo...

"(...) el origen de las pelusillas(...)". Bueno, lo tomaré como su extraño homenaje al bicentenario de Darwin.

Espero Peluso (II): "Viaje de un naturalista alrededor del ombligo".

Daniel H. M. dijo...

Incongruente: Vaya, pues, lo siento, pero si hay que pecar se peca.

Adr: Ya sabes no hay tema pequeño, pelusilla no son celos, tu frase final me deja con la duda... ;)

Reithor: Bueno creo que el desenlace sube un poco la edad mínima recomendada ;)

Teddy: ya sabe, mi desidioso rescate de textos olvidados, master mediante. Pero ¡ya soy libre!

Saludos a todos y lo dicho, tras el final de éste el próximo domingo, por fin, cosas frescas (espero) ;). Gracias por la paciencia de estos dos meses.

Lúcida dijo...

La crueldad infantil... ésta muy original original, eso si.

Besos

Incongruente dijo...

Me tenías acongojado e hipnotizado con la joía pelusilla, a ver a donde querías llegar con la maldita pelusilla, porque, entre tú y yo (y sin que se entere nadie, para eso lo pongo entre paréntesis) yo no he tenido pelusilla en mi vida o, por lo menos, no recuerdo haberla tenido.
¡Anda qué, con la edad que tienes, Daniel y escribiendo como un chaval.
Bueno, bromas aparte, te ha quedado bastante bien el tema. Saludos

Daniel Turambar dijo...

Lúcida: actuban en defensa proia ;) Besos

Incongruente: Bueno, en realidad el relato lleva ya diez años escrito... Espero no habe sido muy desagradable. Saludos


La semana que viene, por fin, algo actual ;)

B dijo...

Uff! Que final! No me lo esperaba y me ha impactado. Pero, si, en defensa propia, asi lo creian ellos...

Teddy Earley dijo...

Cuando un retorcido adulto se lo propone, los niños pueden ser unos escalofriantes personajes de terror.
(Ya se puede imaginar qué me pica).

Daniel Turambar dijo...

B:Espero que el trauma sea leve ;), gracias por pasar.

Teddy:pues habré de retorcerme más (y hacerme adulto) para llegar a tener un Damian como dios manda ;)
(pues rásquese, pero con cuidado, ya sabe)

Ayres de Pilar dijo...

defensa propia, siempre defensa propia.

Bear dijo...

Pobre Rafael, qué bestias! jajaja

luna dijo...

Y yo me he quedado pensando que si quitamos lo de la pelusa y ponemos otra cosa calquiera, ésta historia me suena muy actual...

Daniel Turambar dijo...

Ayres: Puro instinto ;)

Bear: ¿Qué le costaba ser un poco más guarrete? jeje

Luna: no sé si te refieres a algún caso concreto, pero que conste que esto tiene más de diez años

Bear dijo...

jajaja!
El hijo de unos amigos, cuando empezó con el rollo ese de niños y niñas, encontraba absolutamente sexual el ombligo. En clase las niñas se lo enseñaban, y el hacía lo mismo con ellas. Su ombliguito sigue dándole mucho juego y tiene ya 12 años!

b4u dijo...

El final me ha recordado a los chicos del maíz... Y luego he pensado ¿qué habrían hecho con Kyle XY..? ¡Espeluznante!

Nausicaa dijo...

Me he quedado flipada! Ahora me van a dar aún más miedo los niños!

lunasyhormigas dijo...

Qué mal me explico, ajajja.

No me refería a que la historia me sonara. Ni por asomo quise dar a entender eso.

Hablaba del tema, de la discriminacióin,con una pelusa como mera excusa.

Si es que me sacas de los cuadros y se me olvida escribir, ajajjaja.

Espero haberme explicado¿?

Daniel Turambar dijo...

Bear: ¡cómo vienen las nuevas generaciones, madre! Probaré la técnica de ligue ombliguil, aunque vaticino un dramático resultado.

b4u: Jejeje, al Kyle ni te imaginas ;)

Nausicaa: ¿en serio te dan miedo los niños?, yo es que los espeluznantes los he conocido siempre en ficción ;)

lunasyhormigas: también puede que yo no me enterara que para espeseces me apaño muy bien XD, pero todo claro y a ver qué nos pintas próximamente.

Teddy Earley dijo...

Por cierto, lo he oído por la radio esta mañana: el misterio de la pelusilla puede haber sido aclarado por fin.
http://www.medical-hypotheses.com/article/S0306-9877(09)00047-4/abstract

Cosas de la estructura de los pelos del abdomen.
El niño murió por no tenerlos.

Daniel Turambar dijo...

Flipa, flipa, tras años el misterio se resuelve, gracias por la aportación.

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