Seguiré pensando en tu nombre. (II)

Araceli, mercera como no podía ser de otro modo, se encuentra en lo alto de la escalerilla, blusa blanca y falda roja, ligeramente inclinada hacia la derecha, sin desdibujar sus curvas, buscando entre cajas un pijama para la nieta de la señora Adela que vendrá más tarde a por él. Un pijama rosa chicle de algodón, con corazones y florecillas en rojo y blanco y un koala gis abrazado a la pantorrilla izquierda. Araceli tiene en casa uno igual, tal vez algo ñoño para una mujer de su edad, pero le encanta. Baja, guarda las escaleras, sale a la tienda y lo deja bajo el mostrador. Es un día lluvioso. En la calle las pocas vecinas que pasan lo hacen con prisa sin apenas girar la cabeza para saludar. Es un día aburrido.

– No me quieres nada. – Alfonso, comercial de una pequeña empresa de hilos y lanas lleva esperando un rato, invisible, a que Araceli salga de la trastienda. Hoy lleva, bajo la gabardina negra, un traje gris oscuro, con una camisa en amarillo pálido y una corbata en amarillo canario. Sí, algo hortera. El bigote mal recortado y el extraño peinado, que le hace parecer un calvo con peluquín, no ayudan a su imagen. Pero a él le gusta, y a su madre también. A Araceli le hace gracia, o eso cree. A veces la sorprende mirándole y sonreírse. Hoy la nota distraída, más distraída que otras veces. Con ese aire de ensimismamiento que la hace parecer libre de las ataduras de este mundo, por encima de cualquier preocupación terrenal, para luego, en un pestañeo, de regreso a la realidad, repasar minuciosamente el catálogo, página a página, apoyada ligeramente en el mostrador, mientras él espera la respuesta.

– Si es que no me traes nada nuevo… – Araceli frunce el ceño. No, no hay nada que necesite de Alfonso, o al menos eso cree, y aún así sigue pasando las páginas del catálogo que conoce tan bien. Le relaja tanto mirar los distintos hilos y lanas ordenados por colores, grosores, y trenzados. Además, hoy está siendo un día de lo más aburrido, no hay nadie en la tienda, y Alfonso siempre tiene un rato para charlar, nunca lleva prisa. Aunque hoy parece un poco más tenso que de costumbre, está más arreglado, el traje parece nuevo. Levanta la vista un poco para asegurarse, al ver el peluquín se sonríe otra vez. Sí, es nuevo, o al menos ella nunca se lo ha visto antes, y lleva viniendo a la mercería… ¿cuánto, casi año y medio? El pobre, qué paciencia tiene, ahí esperando de pie a que termine para luego irse sin pedido alguno, piensa Araceli.

– ¿Me tienes listo el pijama para la niña? – La señora Adela entra refunfuñando, como siempre, deja el paraguas en el paragüero y pasa ignorando a Alfonso que vuelve a hacerse invisible en un rincón, mientras Araceli da la vuelta al mostrador y saca el pijama. Se lo enseña a la señora Adela, que da su consentimiento con un golpe seco de cabeza. Araceli lo dobla con sumo cuidado, lo coloca dentro de la caja y lo envuelve con papel regalo. La señora Adela, paga, se despiden y, sin más, coge el paraguas del paragüero y se sumerge de nuevo en la calle.

– Mira bien, por si hay algo que se te haya pasado. – Alfonso reaparece, insistente, algo nervioso esta vez, y Araceli retoma el catálogo, esta vez desde detrás del mostrador. El se acerca un poco para observarla mejor y la deja hacer. En cualquier otra situación abría despachado rápido el encargo, o más bien el no-encargo. Pasaría una vez al mes, el periodo normal de reposición de un género que, seamos claros no tiene tanta demanda como para tener que hacer el viaje cada dos semanas. Además, esta sería la última visita, no volvería a verla más. No, con el nuevo puesto, las nuevas responsabilidades que se había resistido a aceptar. Pero su madre tenía razón, debía progresar en la empresa. Aunque tuviera que dejar de visitar la mercería, a no ser…

– Araceli, ¿te gusta el teatro? – La mercera responde que sí desapasionada, sin levantar la vista del catálogo, casi aburrida. Alfonso se achanta. No esperaba esta reacción. Bueno en realidad no sabía qué esperaba, pero seguro que algo más que un lacónico sí.

– Pues el viernes me paso a recogerte cuando cierres que tengo entradas.

Silencio. Alfonso toma aire. De nuevo una respuesta inesperada. Araceli termina de repasar el catálogo que tan bien conoce, lo cierra y rodea el mostrador para dárselo a Alfonso negando con la cabeza. El comercial lo recoge abatido y no la ve escribir en un pedacito de papel un número de teléfono, que recibe luego un renacido contento, cuando la mercera le confirma la cita con un también escueto.

– Vale, puede estar bien.

Ocho meses después, y tras una segunda promoción de Alfonso, Araceli y él comenzaron con los preparativos de su boda, que celebrarían en otoño, cuando florecieran los naranjos. Desde entonces todas las noches soñaba con su vida de casados, con los niños que tendrían juntos. En sus sueños todo era perfecto y estaba en orden, como en la mercería, no podía pedir nada más. Así al despertarse siempre le venía el mismo pensamiento consciente que se entremezclaba con la ensoñación, perdiendo todo su sentido original:

– No, nada de nada.


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18 comentarios:

Anónimo dijo...

el final no lo he entendido, se casan o no?

Lúcida dijo...

Ha tomado velocidad en el último párrafo... esto está interesante.

Daniel H. M. dijo...

Lúcida, pues ya verás, en próximos capítulos la trama se complica con una carta en la que... Bueno ya verás, un beso

luna dijo...

Ummm, ¿la trama se complica?
Genial.

b4u dijo...

Un poco sosilla la chica, ¿no? En fin, esperaré a ver la escena de sexo a ver si esta vez no la cagas ;)

Daniel H. M. dijo...

luna: apenas empieza, un beso :)
b4u: ains, no esperes demasiado ;)

Teddy Earley dijo...

Mira que recuerdo a la mercera pero he olvidado el desenlace, si es que lo hubo. Qué cabeza.
No habrá que perderse la boda, que me solidarizo con los poco apasionados.

AdR dijo...

Sobre la primera parte: me ha asombrado la capacidad que tienes para retratar a la chica :) Gratamente asombrado.

Sobre esta:
Me da la sensación que el que trabaja en una mercería eres tú :)

Abrazos.
Sigue así.

Moon dijo...

Esto se pone interesante...
A ver con qué nos sorprendes :)

Un beso

Daniel H. M. dijo...

Teddy: no, el desenlace no llegó, creo que se quedó todo en el capítulo más... (spoiler) alocado ;). Por cierto espero su análisis de "En terapia".



Adr: jeje, gracias, misión cumplida pues en ese primer capítulo, y no, no he trabajado en una mercería, de cara al público solamente en una biblioteca infantil. Abrazos.



Moon: Lo mejor está por venir, espero que te guste. Un beso.

azabache dijo...

No sé que me pasa con tus parejas pero me temo que ésta tampoco... A nuestra mercera le hace falta una ventolera que le revuelva los hilos del corazón. Me quedo esperándola. Espero que hasta pronto.

Daniel H. M. dijo...

Pues sí, o me cargo a alguno o los separo..., la costumbre, supongo, en cuanto pueda me lo hago mirar. Pero no nos adelantemos que estos dos acaban de empezar ;) El domingo más. Un beso

contrahecho dijo...

Uf, me recuerda a algo que te contaré al final.
Me gusta el estilo sobre todo de la segunda parte.
Un abrazo.

Daniel H. M. dijo...

¡Ostras!, me acabas de matar, con lo malo que soy yo para las esperas sorpresivas, ¿y pongo los tres capítulos que faltan mañana?. Bueno, esperaré, hasta el 28... X)Abrazote

impresion de remeras dijo...

wow no me esperaba en lo mas minino este giro, venia aburrido nada inquietante y de repente esto!

Daniel H. M. dijo...

pues lo vas a flipar en las siguientes ;D, por cierto no sé si os he hablado de mi cerebro que lee lo que le da la gana... pues eso, imagina qué leyó en lugar de tu nombre... ains

impresion de remeras dijo...

jajaja no quiero pensar que creiste impresion de rameras! jajaja.

Daniel H. M. dijo...

pues... ;)

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