¿De qué hablarían los árboles,
excepto de la consistencia de los excrementos de las ardillas?”
Gimli, hijo de Gloin.
Adaptación cinematográfica dirigida por Peter Jackson del libro
El Señor De Los Anillos - Las Dos Torres, de J.R.R. Tolkien
– Sí, creo que sí... Ains.
– ¿Qué te pasa?
– Mírala, está en todo su apogeo.
– ¿Otra vez con esas?
– Hoy ha florecido por completo, nunca estará más hermosa.
– Esto es lo que me faltaba por oír.
– Y esa fragancia…
– ¡Tronco, espabila! ¡Ella no es para ti!
– Pssst, no grites que vas a despertarlo.
– Sí, sí, disimula, pero sabes que tengo razón.
– ¿Acaso es imposible?
– Pues claro, ¡qué sois de clases diferentes!
– Pero es tan hermosa.
– Sí, la verdad es que guapa, es tela de guapa mi prima.
– Y ese suave contoneo cuando la mece el viento, la forma en que la luz de la tarde se mezcla con su nívea corola y queda ruborizada por un instante, inflamada de amor.
– Tronco, como sigas así de moñas dejo de hablarte.
– Perdona, me dejé llevar.
– Lo que tienes que hacer es olvidarte de ella.
– Pero cómo hacerlo, no puedo quitármela de la copa. Y cuando el viento arrastra su aroma hasta aquí, yo…
– ¡Y dale con el viento!
– Eh, eeeh, ¡Cupressus sempervirens LISTO SEÑOR!
– Ya lo has despertado.
– Jovenzuelo, no estará hablando en su guardia.
– No señor, siempre alerta señor, ¡Cupressus sempervirens LISTO SEÑOR!
– Eso está bien. Sí. Recuerda que somos la élite del reino vegetal. De la más noble familia. Hoja perenne. Siempre alerta. Siempre vigilando. Siempre…
– Jejeje, el viejo se ha dormido.
– Un respeto, es un ciprés milenario. Reyes acamparon a sus pies en…
– Sí, sí, sí. Tronco así no os quitáis la fama estirados en eones.
– Bueno, perdona, la savia, ya sabes.
– Y aún así te enamoras de una cerezo, y vas con la copa gacha como un sauce llorón. Yo flipo.
– Ains.
– Sí, eso digo yo, manda bellotas, con lo grande que es el parque…
– ¡Maldita sea!, ¿qué hace ese animal?
– No puedo mirar, creo que le está partiendo una rama.
– ¡Y que no pueda arrancar mis raíces de la tierra y hundirlo en ella hasta reducirlo a abono!
– Tranquilízate, árbol.
– En serio, el día que nos esté permitido…
– Tranquilo, ya sabes, todo llegará. Piensa que unos setenta años estará alimentando unas bonitas malvas.
– ¡Parásitos!
– Venga no te hagas mala savia. Si ahora estamos en pleno apogeo y nos recuperamos rápido.
– Mutilar tal belleza, atreverse siquiera a tocarla…
– Chico en serio, háztelo mirar.
– Ains.
– Eh, eeeh, ¡Cupressus sempervirens LISTO SEÑOR!
– Ya se despertó, bueno te dejo que soy de hoja caduca y tengo que centrar mis energías en renovar vestuario. Luego hablamos.
– Venga, hasta luego chopo.



