Pillados

De Repente, Dirá El Pelirrojo Señalando A Su Amigo.

No, Mío No Es, De Pronto Es Tuyo, Contestará Éste Al Verse Acusado.

De Pronto Sonreirá.

De Pronto No Puede Ser, Él Vino Conmigo Y Eso Ya Estaba Aquí Cuando Entramos.

De Súbito Agregará, El Regalito, O Es Tuyo O Es De Tu Amigo.

De Pronto Se Impacientará Mirando La Bolsita.

De Improviso Se Pondrá Nervioso.

De Repente Confesará Con La Mirada.

De Súbito Sacará La Placa.

De Improviso Saldrá A Correr.

De Pronto Se Abalanzará Hacia Él.

De Repente Conseguirá Escapar Con El Paquete.

Necios, Pensará, No Saben De Quién Es Realmente, De Momento.


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Nada de nada

A veces el suelo tiembla despacio.
A veces provocamos hechos que no deseamos.
A veces nos obcecamos en caminar por la cuneta.
A veces la inercia puede más que la voluntad.
A veces suceden cosas que son inevitables.

No importan las salidas nocturnas bañadas en alcohol y sudor discotequero. No importa el desfile de féminas luciéndose tras una mampara de inaccesibilidad. No importan lo aprecios o desprecios de nuevas o antiguas conocidas que nunca lo fueron. No importa la soledad acompañada, la falta de comprensión, la ausencia pasiones compartidas. No importa si en realidad no son más que juegos para encontrar una magia perdida que solamente puede hallarse en la fantasía de una mente dispuesta a dejarse llevar, sin prejuicios, asunciones o ideas previas, simplemente dispuesta a absorber, y a hacer propias las vivencias aprehendidas, a imaginar situaciones alternativas a vivir en esta ilusión genial que no hace más que ofrecer siempre lo mismo, aquello que ha estado buscando y que no encontrará en este mar muerto por más metáfora que quiera hacerse.

He oído tus pisadas tras de mí, día tras día, noche tras noche, cruzando de puntillas entre las sombras de mi memoria. Has burlado mi vigilia, y mi sueño, una y otra vez sin pudor alguno ante mis deseos. Ahora te presentas aquí, delante de mí, desnuda, pálida y vacía, extendiendo las manos hacia mi pecho. Una lágrima, falsa claro está, cae desde tu mirada hueca de amor, o de odio, ternura, furia, o de ansia, y se convierte en nada al tocar el suelo. Te encoges y cesas en tu intento de comprender mi pasión. Si más demora me tiendes la mano derecha, mientras ocultas la izquierda en la que portas unas tijeras oxidadas. Te hago una última reverencia y añado: bien querida Parca, ahora soy yo el que no quiere, como si mi anhelo sirviera de algo en este último trámite burocrático que con toda la pompa y el protocolo que permite el momento queda sellado con tu rápido sesgo y mi caída al suelo. Sí, se ve que he muerto y tú ya te has ido a tejer de nuevo.



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Cosas de lagartijas

La pequeña lagartija comenzó el ascenso rápido por la pared encalada. La luz se volvía dorada y la sombra de la parra comenzaba a alargarse. En breve todo estaría lleno de mosquitos. Todo un festín para la pequeña lagartija que había perdido la cola por segunda vez este mes, y necesitaba proteínas frescas para que desapareciera el feo muñón. Arriba, cerca del aplique, justo al lado de la enredadera se congregaban ya tres grandes lagartijas que se habían asegurado los mejores lugares para el banquete. Una de ellas, la más gorda de todas, era blanca y llena de verrugas. Las otras dos eran de un intenso verde oscuro y de piel algo menos rugosa. No tanto como la lisa piel de la pequeña lagartija mutilada, verde brillante, con una delgada línea ámbar en ambos costados.

Llegó agitada, y se colocó donde no molestara demasiado a sus congéneres, que podían llegar a tener bastante mal humor si el ágape no era del todo satisfactorio. Su pequeño corazón de reptil latía desbocado cuando los débiles rayos del sol poniente se filtraban entre las nubes de mosquitos que brotaban de los arrozales. La luz del pequeño aplique se encendió. Su calor reconfortó a la pequeña lagartija que seguía excitada, sabiendo además que esta nueva luz atraería la comida directamente a su boca. Y así fue. En unos minutos la nube de pequeños vampiros rodeaba el aplique y comenzó la comilona. Había bichos para todas. La pequeña lagartija no era aún muy hábil en el arte de la caza, pero eso no es un problema cuando apenas tienes que abrir la boca y esperar que un mosquito entre en ella. La gorda albina permanecía inmóvil comiendo a placer, con calma. Las otras dos se movían una en torno a la otra entre bocado y bocado. La pequeña lagartija era feliz y recorría el muro encalado de un lado a otro. Del cálido aplique hacia abajo, luego ascendiendo en zigzag, corriendo hasta la enredadera, volviendo al calor del aplique, pasando entre sus parientes. Fue una gran noche. Saciadas y perezosas, la verrugosa y las otras dos se marcharon parsimoniosas.

La pequeña lagartija se quedó un poco más disfrutando de todo el espacio para si, agitada con tanta comida, borracha de placer. La mañana siguiente, pensó, la pasaría descansando al sol en una roca blanca, muy calentita, que había encontrado esa misma tarde. Un chasquido la devolvió al presente, y vio un pequeño agujero en la pared encalada, muy cerca de su pata delantera derecha. Se movió ágil para verlo mejor cuando escuchó un segundo chasquido, esta vez cerca de su ausente cola. Al girarse vi otro pequeño agujero en la pared. Siguió escuchando más chasquidos que producían pequeñas heridas en la cal. Algo estaba impactando contra el muro. Corrió a refugiarse entre las ramas de la enredadera, pero un último chasquido hirió su pata trasera izquierda. Perdió algo de adherencia, y casi cayó. La pequeña lagartija tuvo suerte esta vez y consiguió escapar con la tripa llena, aunque con un plomillo en la pata. Bueno, mañana descansaría en la roca blanca calentita, la pata apenas le dolía y lo mejor de todo: comenzaba a sentir que una nueva cola le crecía.

La pequeña lagartija comenzó el ascenso torpe por la pared encalada, hasta el tejado. La luz se apagó de repente, y en el cielo aparecieron esas pequeñas luces que sosegaban su agitado corazón de reptil y le hacían sonreír antes de irse a descansar bajo el hueco de una teja arabesca de caldeada arcilla roja. La vida es divertida y emocionante aunque tenga sus peligros, pensó la pequeña lagartija, y también bella, y se quedó dormida sonriendo feliz como solamente son felices las pequeñas lagartijas, que saben que pronto tendrán una cola nueva.


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Cosas de mosquitos

– Reuníos todas, en torno a mí, ¡oh hermanas!,
– ¡Ana María!, ¿es cierto, volarás esta noche?
– Me temo que sí, ya ha llegado el momento.
– …para orar en la hora de la partida.
– Pero mi amor, es muy peligroso.
– ¡Calla!
– Desde el inicio de los tiempos, cuando el aire era fecundo y abundante el rojo maná, nosotras ya estábamos aquí. Y éramos grandes, y éramos hermosas, y dominábamos el cielo y los lagos, y a los que vivían en la tierra.
– He oído cosas, cosas terribles, cada vez vuelven menos…
– Por favor…
– Solamente el Gran Tirano tenía algún poder contra nosotras, secando nuestros hogares, matando a nuestras larvas antes de salir del huevo. Pero, ¡ay hermanas!, fuimos arrogantes, derrochadoras y sobre todo desagradecidas.
– …, y muchas de las que vuelven sufren graves traumas, y...
– ¿Y qué quieres que haga? Dime: ¿quedarme aquí?, ¿ver cómo otras alimentan a mis hijos?
– Y el Dador de Vida se enfureció con nosotras, hermanas mías, y para castigarnos cambió el mundo. Y el aire se hizo liviano, y tuvimos que menguar, y el rojo maná se volvió difícil de encontrar, y dejamos de ser hermosas, y el Gran Tirano se hizo fuerte ante nuestra debilidad, y dejamos de ser las dueñas del cielo, los lagos y los que viven en la tierra.
– Pero esto no es necesario, hay otras formas menos peligrosas de obtener el maná rojo, ¡debe haberlas!
– Antón, mi querido Antón, sólo eres un mosquito y no entiendes de estas cosas. Pero para ser fuertes como nación, debemos obtener el mejor maná, cueste lo que cueste.
– Y así, hermanas, nos vimos embarcadas en una lucha eterna por la supervivencia. Por el sagrado y rojo maná que no es dado con gran sacrificio. Hasta el Gran Tirano nos lo recuerda en su cobarde huída tiñendo el cielo de escarlata, mientras la Dadora de Bienes se compadece de nosotras y sufre heridas en su intercesión ante el Dador de Vida.
– ¡Yo solo sé que no podría vivir sin ti!, ¡que me arrancaría las alas antes de oír siquiera que has sido devorada por los monstros de las paredes, que has sido aplastada por los titanes, que te has asfixiado entre la bruma invisible, que has sido atrapada por el hechizo de la luz azul! ¿Es que no lo ves, es que no temes la muerte?
– La hora ha llegado, ¡oh hermanas!, y como hacemos siempre, desde que el mundo existe, recordando a las caídas en la vorágine de la noche, aquellas cuyas alas nunca más sonarán en la sinfonía de la nube, heroínas todas ellas. ¡Batid, batid fuertes las vuestras! ¡Recordad que tal vez esta noche sea la última! ¡No dejéis nada para la próxima! ¡Oh hermanas, que grandiosa música, que glorioso espectáculo! ¡La creación entera se arrodilla ante vosotras! ¡Supervivientes, luchadoras!
– Lo sé, y no creas que no tengo miedo. Pero el miedo no hará crecer a la próxima generación.
– ¡Recordad que hasta el Gran Tirano se rinde ante la Dadora de Bienes!
– Ahora he de irme, Antón.
– ¡Espera!
– ¡Recordad otros más grandes y orgullos dejaron de hollar la tierra!
– Adiós.
– ¡No tienes por qué ir!, ¡huyamos, volemos al sur!
– ¡Recordad que nosotras siempre estamos aquí!
– Antón , yo…
– ¡Siempre estaremos aquí!
– Se valiente, Ana María. Busquemos un lugar mejor, por nuestros hijos.
– ¡La mosquita cae!
– Antón…, eso es traición.
– ¡La raza prevalece!
– Mi amor, es esperanza.
– ¡Volad mis pequeñas, volad!


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Sueños fríos

Anoche soñé que la besaba... Es curioso, porque normalmente en estos sueños no suelo fantasear que la beso. Estoy con ella, hablo con ella, como con ella, bailo con ella, vuelo con ella, abrazos, caricias, sonrisas, miradas..., pero nunca besos. Anoche soñé que la besaba. Un inocente beso en la frente al finalizar un tango. Luego desperté y seguía a mi lado, dormida, feliz, tal vez soñando conmigo. No sé. Un día de estos tendré que dejarla. Tal vez esta noche.


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Acercade mi y otras farsas

Acerca de mí y otras farsas
Relatario 2009

ISBN: 978-84-9981-005-8

Tormenta y otros fantasmas

Tormenta y otros fantasmas
Relatario 2008

ISBN: 978-84-9916-198-3

Curvas y otras fatalidades

Curvas y otras fatalidades
Relatario 2007.

ISBN: 978-84-92662-13-5.

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